ME MATÓ LA 5G (título provisional, al final tendrá otro, seguro)
DE COMO EMPEZÓ TODO SEGÚN RELATA EL SR ZAFRA
“Me jode mucho la gente que tiene tanta cara dura.
Hoy he ido al Mercadona, como los castizos mesetarios dicen he
ido a Mercadona, a comprar y he dejado en el carrito mi móvil para coger
unas cosas, pero vi que una señora
lo cogió rápido y se lo metió en su bolsillo.
Educadamente me he acercado y le he pedido que me lo devolviera, pero dijo que
no lo tenía.
Ahora es aquí donde se pone interesante el asunto. Llegaron
unos curiosos y se pusieron a presionar y presionar y presionar... “
Y así, en ascuas, nos dejaba de relatar el bueno del señor
Zafra, ya incomunicado sin su móvil.
DE COMO SUCEDIERON LAS COSAS
Y de tanta presión se fue presurizando el
abdomen de la señora, que para entonces se había tragado el móvil sin masticar,
hasta que se infló como un globo flotando en el aire. Al rebotar en el techo
fue transitando por el local hasta dar con un foco que la hizo explotar,
esparciendo móviles 4G y hasta 5G por todo el barrio. La gente los desinfectaba
con gel hidroalcohólico y los iba configurando según sus gustos. Algunos
pusieron de fondo de pantalla la foto de la señora, para no olvidar su último
gesto pre-explosión.
Huawei y Xiaomi se apresuraron a producir
modelos aptos para soportar los jugos gástricos en previsión de reincidencia.
DE COMO PROCEDIERON DESPUÉS Y EL ECO INTERNACIONAL QUE TUVO
El servicio de limpieza, dotado de mascarilla de cuando la
FP, recogió con cuidado los restos carnosos de la señora come-móviles, y tras
ser aleccionados de no llevarlos a la sección de carnes bajo ningún concepto,
los depositaron junto con pilas usadas para que los operarios básicos
recuperaran de entre sus vísceras chips y componentes de coltán. Por ello
recibieron el agradecimiento de ecologistas y nativos del Congo que esperaban
de sus gestos el fin de explotación de sus selvas vírgenes. Colectivos de
mujeres y mujeros protestaron por el uso del término selva vírgen,
viendo más apropiado el de bosque no violado, todavía, y formaron en
cuadrícula de 2x2 m de distancia social, en una manifestación silenciosa.
El señor Zafra tuvo, acosado por cohortes de voluntarios, que
afiliarse a Médicos Mundi, que había tomado el sitio de privilegio en el corro
de paparachis que cercaba al susodicho pidiendo declaraciones, fake news o lo
que fuera. Se hizo famoso en un santiamén y por unos minutos fue feliz, por ser
miembro de la farándula y disponer, por un azar del destino, de su carnet de
afiliado a una ONG.
El tablero de ajedrez de la plaza frente al Mercadona, tenía
todas sus casillas ocupadas por los manifestantas, y no encontraba la salida.
Probó un gambito de reina, pero del salto cayó sobre un voluntario de la
patrulla ciudadana “no te encierres, marica” que ocupaba el escaque P4R. Ambos
se pusieron la mascarilla rápidamente, y se miraron fijamente retándose, con su
expresión oculta bajo su FPP5 superplus prime. Como no sabían qué
decirse se ignoraron y midieron con escrupulosa exactitud la distancia social
que les correspondía, como gente bien. Pudo pues salir de la zona con un móvil
distinto pero con muchos gigas, lo cual satisfizo al nuevo contertulio de Tele5,
cadena que ya le enviaba whatsapps invitándolo a participar en su nuevo debate
“ahora o nunca, pero nunca ¿qué?” … ver más
DE COMO TRASCENDIÓ EL HECHO ALLENDE LOS MARES
A varios idiomas se tradujo la noticia. El departamento de
inteligencia del país, que gozaba de muchas vacantes, trató de discernir si era
un bulo. Su consejo de administración no llegó a un acuerdo, y resolvieron que
dilucidar si era o no plausible el contenido de la información que circulaba no
era un tema de administración, por lo que levantaron sesión y pasaron a cobrar
sus dietas.
Los rotativos y las cajas tontas se hicieron eco, viendo que
no podía ser un bulo de ninguna manera. Algunos medios digitales se abstuvieron
de opinar por no gastar megas que podrían ser necesarios para bulos auténticos.
Entre tanto, el estómago de Doña Hortensia Simyo, que
escuchaba la radio en la puerta de su casa de pueblo de 5000 habitantes y podía
asomarse sin horario gubernamental, comenzó a rugir, al oír sobre la deglución
de su congénere del Mercadona. Entró con sigilo y tomó el celular de su yerno
que hacía la siesta. Como fue educada desde niña, colocó el manjar entre dos
rebanadas de pan con un chorrito de aceite y merendó un LG de última
generación. De un bocado “to pa dentro”. Trató de eructar, pero había olvidado
configurar el tono en el menú de opciones avanzadas y se conformó con unas
notas de la marsellesa que llevaba el LG por defecto.
Comentaron los hechos en todas las esquinas, siendo las
mujeres las más atentas a la evolución de los hechos. ¿quién era el Sr Zafra,
ese desalmado que pretendía dejar morir de hambre a la mercadonera? .. Lo
discutieron y sin duda, ni disentimiento alguno, decidieron crear la sociedad
gastrotelefónica femenina e integrarla en la Sección Femenina del Movimiento.
Cuál fue su decepción al conocer que no existía ya tal sección! La noticia
nunca llegó al pueblo, aseguró Hortensia, con el asentimiento de más de dos y
más de tres de las nuevas miembras de la recién creada sociedad. No iban a
empezar discutiendo en sus primeros minutos de existencia!!
Creada la página de la SGF, y enviadas las invitaciones en
las redes sociales para coleccionar “me gusta”s la noticia cruzó océanos y
cordilleras. Huawei, siempre el primero, anunció sus modelos P2 con sabores a
gamba, pepinillo y couscous, tratando de satisfacer la demanda que ya
desbordaba todas las previsiones. Amazon ordenó a sus repartidores poner en sus
bicicletas cajas térmicas para poder repartir móviles sabor BBQ calentitos.
Zafra quiso reclamar un derecho sobre algo, pero no encontró
la página web adecuada. Se asomó al balcón para saltar, pero eran las 20 h …
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DE CÓMO PASÓ EL SMARTPHONE A SER INGREDIENTE AUTORIZADO DE LA PAELLA VALENCIANA
Norteños y sureños de l'Albufera disputaban desde la edad
media sobre los auténticos ingredientes de una paella ortodoxa. Delegaciones de
las comarcas decidieron fer-se un armossaret de negociación a medio
camino, en el Romaní, todos afeitados y con gayumbos limpios de esa semana.
(nota: es necesario para entenderlo, conocer la bien ganada
mala reputación de El Romaní, pedanía donde se concentran el mayor número de
night clubs de Valencia, situado entre Silla y Almussafes)
Entre
los habituales gritos de los comensales de todo bar valenciano que se precie,
no se podía comprender propuesta alguna, recurriendo a gestos agresivos como
mano abierta hacia atrás, como cogiendo carrerilla, para oponerse a algo.
No hubo aproximación de posiciones en cuanto al pimiento
rojo, aunque era de prever. Sobre los móviles hubo contraste de lo opiniones,
pero a la hora del cremaet se admitió que se aceptaban los móviles
liberados, incluso si los craqueba un hindú o pakistaní siempre que fuera
cliente de garrofó y ferraura de l'Horta sur o Riberas Alta y Baja en su tienda de verduras.
El Sr Zafra, que había renunciado a saltar del balcón, por
miedo a que se pensara que quería recibir los aplausos sin ser trabajador
esencial, supo del congreso y había acudido al almuerzo. Había pedido un café
con leche y unsa porras por lo que de forma inmediata fue desalojado del local
y quedose, sentado en el bordillo de la acera, compartiendo porra con Lucy, una
señorita de antecedentes masculinos, pero bien llevados, y que trataba de
ganarse la vida como cerillera. La prohibición de fumar le pilló de joven,
hacía veinte años, a contrapié y había solicitado una ayuda de autónomo, al ir
dándose cuenta que no tenía mucho futuro su negocio.
Zafra, oyendo su historia, se sintió compungido y no pudo
sino regalarle su carné de Médicos Mundi, tras entrar en la app y domiciliar la
cuota mensual en la exhausta cuenta corriente de Lucy. Ella/él agradecida/o le
quiso pagar el favor: “-¿quieres que me coma tu porra?”.
Al punto, Mister Zafra dio un respingo y le pasó su porra aceitosa, poniendo el dedo como se ponía en el bocadillo del colegio para ofrecer un bocado a Martínez, ese alumno que había en cualquier clase y que siempre coleccionaba sabores de los bocadillos de sus compañeros en el recreo.
Al punto, Mister Zafra dio un respingo y le pasó su porra aceitosa, poniendo el dedo como se ponía en el bocadillo del colegio para ofrecer un bocado a Martínez, ese alumno que había en cualquier clase y que siempre coleccionaba sabores de los bocadillos de sus compañeros en el recreo.
Lucy miró con ternura a Zafra, que en lo sucesivo llamaremos
Zafi, como le llamaban en la escuela (en la tuna pasó a ser Zafio, un tiempo,
hasta ser veterano cuando pudo quitar la o de nuevo). La darg-queen mordió con sensualidad la
porra mojada en café mientras sus ojos no perdían contacto con los de Zafi. Su
momento especial fue interrumpido por los gritos que se oyeron desde el bar,
celebrando el acuerdo final sobre la receta oficial de la PVC paella valenciana celular, como se denominó desde entonces y ya se conoce en el mundo
civilizado.
Habrá que reportar que Zafi, mientras Lucy mordía la porra,
sintió una pequeña erección morcillona. Nunca lo reconoció hasta ya muy viejo,
y solo a sí mismo ante el espejo.
Lucy no le cobró por el tiempo compartido y se alejó
taconeando sobre el asfalto del Romaní, muy acostumbrado a ello, y le lanzó un
beso-bufido sobre la palma de su mano, tras girarse un momento hacia él. Fue
entonces, cuando Zafra, fue consciente de que procedía de alguien sin
mascarilla, y saltó como Iker Casillas hacia su izquierda, para esquivar el
beso aéreo asesino, quedando el café con leche suspendido un segundo en el
aire, antes de derramarse sobre el camal de un Zafi, caído con su cadera ya desconsolada
sobre el bordillo cruel.
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